Los ataques informáticos contra infraestructura crítica —redes eléctricas, plantas de agua, hospitales, sistemas de transporte— se volvieron más frecuentes. La razón es que el impacto potencial es alto y los sistemas involucrados suelen ser antiguos.
Buena parte de esa infraestructura funciona con equipamiento industrial diseñado décadas atrás, cuando no estaba conectado a redes externas. Conectarlo aumentó la eficiencia y también la superficie de ataque.
La respuesta organizativa
Las recomendaciones de los organismos especializados apuntan menos a herramientas y más a prácticas: segmentar redes, mantener copias de seguridad desconectadas, ensayar planes de continuidad y exigir estándares a los proveedores.
El eslabón que más se explota sigue siendo el humano: el acceso inicial en la mayoría de los incidentes se obtiene mediante engaño a una persona, no rompiendo un cifrado.
Los equipos nacionales de respuesta a incidentes publican alertas y guías de mitigación.
