El modelo dominante de protección de datos descansa sobre el consentimiento: la persona acepta o no acepta. Es un modelo elegante en teoría y bastante ficticio en la práctica.
Nadie lee los términos, y si los leyera y los rechazara, en la mayoría de los casos simplemente no podría usar el servicio. Un consentimiento sin alternativa real no es consentimiento: es un trámite.
Por qué no es solo un asunto propio
Además, la decisión individual tiene efectos colectivos. Los datos de una persona permiten inferir cosas sobre otras parecidas a ella, que nunca aceptaron nada. La privacidad, en ese sentido, se parece más a la calidad del aire que a una propiedad personal.
Eso sugiere que la protección efectiva no puede depender de cuán cuidadoso sea cada usuario, sino de reglas sobre qué se puede recolectar, para qué y por cuánto tiempo, con independencia de lo que alguien haya tildado.
La responsabilidad individual es una respuesta cómoda para quien no quiere regular.
