Las cookies de terceros permitían seguir a un usuario entre distintos sitios y construir un perfil de intereses para segmentar publicidad. Los navegadores fueron restringiendo esa capacidad, y la industria tuvo que buscar alternativas.
Las tres que se consolidaron son distintas entre sí. Los identificadores propios, basados en el correo electrónico que el usuario entrega al registrarse. La segmentación por contexto, que muestra publicidad según el contenido de la página y no según quién la lee. Y los datos de primera parte de cada sitio.
Qué cambia para el usuario
El efecto no es que desaparezca la publicidad segmentada, sino que se reorganiza alrededor de quien tiene relación directa con el usuario. Eso concentra ventaja en las plataformas grandes, que ya tienen sesiones iniciadas.
Los banners de consentimiento siguen siendo obligatorios donde la normativa lo exige, y su diseño es objeto de sanciones cuando dificulta el rechazo.
Las configuraciones de privacidad de cada navegador permiten revisar y bloquear el rastreo.
