La cuota de pantalla es una obligación regulatoria que exige a las salas de cine exhibir una cantidad mínima de películas nacionales por trimestre, con una permanencia mínima en cartel.
Su fundamento es que sin esa obligación, la programación tiende a concentrarse en los títulos con mayor inversión publicitaria, que en general son producciones internacionales de gran escala.
El debate sobre su eficacia
Los exhibidores sostienen que la norma los obliga a mantener en cartel funciones con muy baja ocupación. Los productores responden que sin permanencia mínima una película no llega a construir su público por recomendación.
La discusión se trasladó parcialmente a las plataformas: varias jurisdicciones establecieron obligaciones de catálogo y de inversión en producción local para los servicios de video bajo demanda.
El cumplimiento de la cuota lo fiscaliza el organismo de cine y sus resoluciones son públicas.
