Cuando se publica el índice de precios al consumidor, es habitual que la reacción sea la misma: el número parece bajo comparado con lo que se percibe en la góndola. Esa distancia tiene una explicación técnica que no implica que el dato esté mal.
El IPC mide la variación de precios de una canasta promedio construida a partir de una encuesta de gastos de los hogares. Ese promedio no describe a ningún hogar en particular: describe al conjunto. Una familia que alquila, viaja en transporte público y no tiene auto enfrenta una inflación distinta de otra que es propietaria y usa el auto todos los días.
Los rubros que tiran del promedio
Los rubros con mayor peso en la canasta —alimentos, vivienda y servicios, transporte— son los que más mueven el índice general. Si uno de ellos tiene un mes atípico, el número general se desvía de la experiencia cotidiana de buena parte de la gente.
El INDEC publica también los índices por región y por categoría, que permiten un análisis más fino. Las aperturas por bienes y servicios, y por estacionales, regulados y núcleo, suelen ser más informativas que el titular.
La serie completa y las aperturas están disponibles en el sitio del organismo.
