Una porción muy significativa del empleo asalariado en Argentina no está registrada. Esos trabajadores no tienen aportes jubilatorios, ni obra social por su empleo, ni cobertura por accidentes de trabajo, ni acceso a la indemnización en caso de despido.

El efecto sobre el ingreso es directo: el salario promedio del trabajo no registrado es sensiblemente menor que el del registrado para tareas comparables. Y no se ajusta por paritarias, porque no hay convenio que lo alcance.

El efecto que aparece décadas después

La consecuencia más pesada llega al momento de jubilarse. Sin aportes, no se acumulan los años de servicio exigidos, y la persona queda dependiendo de moratorias o de prestaciones no contributivas.

Las causas que señalan los estudios combinan costos de registración, características del entramado productivo —predominio de empresas muy chicas— y capacidad limitada de fiscalización.

La tasa de empleo no registrado se publica trimestralmente en el informe de mercado de trabajo del INDEC.