Las baterías de iones de litio que usan teléfonos, notebooks y vehículos eléctricos pierden capacidad con el tiempo. La degradación es química y no se puede evitar, pero su ritmo depende de cómo se use el dispositivo.

Tres factores la aceleran. El calor, que es el más dañino. Los extremos de carga: mantener la batería cerca del cien por ciento o dejarla llegar a cero de manera habitual la desgasta más rápido que operar en el rango intermedio. Y la carga rápida frecuente, que genera más calor.

Lo que sí conviene hacer

Las recomendaciones de los fabricantes coinciden: evitar dejar el dispositivo cargando al sol o dentro de un auto cerrado, usar carga rápida solo cuando hace falta y, si el equipo lo permite, activar la función que limita la carga máxima para uso cotidiano.

El mito de descargar por completo antes de cargar corresponde a una química anterior y no se aplica a las baterías actuales.

Los sistemas operativos modernos informan el estado de salud de la batería en la configuración.