La boleta única cambió la escena del cuarto oscuro: en lugar de una mesa con pilas de papeles por partido, el votante recibe un solo instrumento con toda la oferta y marca su preferencia. La modificación es operativa, pero tiene consecuencias políticas.

La más comentada es el corte de boleta. Con el sistema anterior, cortar exigía una operación manual dentro del cuarto oscuro; con boleta única, elegir distinto en cada categoría es tan simple como marcar dos casilleros. Los estudios sobre cuánto aumentó efectivamente el corte no son concluyentes.

Lo que sí cambió con certeza

Desapareció el problema del faltante de boletas, que era un reclamo histórico de los partidos chicos sin estructura de fiscalización. También cambió el trabajo de la autoridad de mesa: el escrutinio es distinto y requiere capacitación específica.

Del otro lado, el conteo puede ser más lento en categorías con mucha oferta, y el diseño del instrumento —el orden, el tamaño de las fotos, el tipo de letra— pasó a ser materia de discusión y de litigio judicial.

La experiencia comparada sugiere que los efectos se estabilizan recién después de varias elecciones con el mismo sistema.