La elección presidencial estadounidense no se resuelve por voto popular nacional. Cada estado aporta una cantidad de electores proporcional a su representación en el Congreso, y en la mayoría de los casos el candidato más votado en un estado se lleva todos sus electores.
Esa regla explica dos fenómenos. El primero es que un candidato puede ganar la presidencia con menos votos totales que su rival, algo que ocurrió varias veces en la historia del país.
Los estados que definen
El segundo es la concentración de la campaña en un puñado de estados competitivos. En los que tienen una preferencia consolidada, hacer campaña aporta poco: el resultado se descuenta y los electores ya están asignados en la práctica.
Por eso los recursos, los actos y la publicidad se concentran en un grupo reducido de distritos que suelen definirse por márgenes muy estrechos.
El recuento oficial y la certificación estatal son procesos separados de la proyección de los medios.
