Cada vez que la tensión entre Irán y sus adversarios regionales escala, la primera reacción no se ve en el terreno sino en los mercados de energía. El motivo es geográfico y se llama estrecho de Ormuz.
Por ese paso de agua, que en su punto más angosto tiene apenas unas decenas de kilómetros, circula una porción muy grande del petróleo y del gas natural licuado que se transportan por vía marítima en el mundo. No existe una ruta alternativa de capacidad equivalente.
Por qué no hace falta un cierre para que suba el precio
El mercado no espera a que el estrecho se cierre. Alcanza con que aumente la percepción de riesgo para que suban los seguros de los buques, se encarezcan los fletes y los operadores paguen más por asegurarse el suministro.
Ese encarecimiento se traslada al precio internacional del crudo y, con distintos rezagos, a los combustibles, a los fletes y al costo de producir en países que importan energía.
Para Argentina el efecto es ambiguo: encarece las importaciones energéticas y a la vez mejora el valor de lo que exporta el sector.
