Durante décadas el crecimiento chino se apoyó en inversión, construcción y exportaciones. Ese modelo produjo tasas de expansión excepcionales y también acumuló desequilibrios, sobre todo en el sector inmobiliario.
La vivienda funcionó no solo como techo sino como principal instrumento de ahorro de los hogares. Cuando el sector se desaceleró, el efecto no fue únicamente sobre la construcción sino sobre la riqueza percibida de las familias, lo que retrajo el consumo.
La transición pendiente
La política declarada es reorientar el crecimiento hacia el consumo interno y hacia sectores de mayor valor agregado: vehículos eléctricos, energías renovables, semiconductores. Esa transición avanza de manera desigual.
Para los países exportadores de materias primas, incluida Argentina, la composición del crecimiento chino importa tanto como su ritmo: un crecimiento apoyado en construcción demanda más metales, uno apoyado en consumo demanda más alimentos.
Los datos oficiales de actividad se publican trimestralmente y son objeto de análisis y contraste por parte de consultoras privadas.
