El sonido de una película o de una serie casi nunca es el que se grabó en el rodaje. Salvo los diálogos, y a veces ni siquiera esos, todo lo que se escucha se construye después en posproducción.

El trabajo tiene capas. Los ambientes definen el espacio: una habitación, una calle, un campo. Los efectos puntúan la acción. Y el foley reproduce en estudio los sonidos que genera el cuerpo de los personajes —pasos, ropa, manipulación de objetos— sincronizados con la imagen.

Por qué se hace así

La razón es de control: el sonido directo captura todo mezclado y no permite ajustar el equilibrio después. Reconstruirlo por capas permite decidir qué se escucha, cuánto y en qué momento.

La mezcla final adapta ese material a distintos formatos de reproducción, desde una sala con sonido envolvente hasta el parlante de un teléfono.

Los premios de la industria distinguen edición y mezcla como categorías separadas.