Existe una creencia persistente de que el rigor requiere cierta densidad: que un texto claro sobre un tema difícil está, necesariamente, dejando cosas afuera. La experiencia sugiere lo contrario con bastante frecuencia.

Explicar bien un asunto complejo exige entenderlo mejor que para describirlo con jerga. La terminología puede funcionar como precisión y también como escondite, y desde afuera no siempre es fácil distinguir cuál de las dos cosas está pasando.

Dónde importa más

En el periodismo, un texto que el lector no entiende no informó a nadie, por más exacto que sea. En el Estado, una resolución incomprensible sobre un derecho equivale, para quien no puede pagar un abogado, a no tener ese derecho.

Los movimientos de lenguaje claro en la administración pública no proponen empobrecer los textos sino reconocer que la comunicación es parte del servicio, no un accesorio.

Si hace falta un traductor, algo del texto original falló.