La clasificación por edades de películas y de contenidos audiovisuales la realizan organismos específicos que evalúan un conjunto de dimensiones definidas: violencia, lenguaje, contenido sexual, consumo de sustancias y temas sensibles.

El resultado no es un juicio de calidad sino una orientación sobre para qué público resulta apropiado, y en la mayoría de los sistemas se acompaña de descriptores que explican el motivo de la categoría.

Los descriptores importan más que el número

Esos descriptores son lo más útil para una familia: dos películas con la misma clasificación pueden serlo por razones muy distintas, y saber cuál permite decidir mejor que la categoría sola.

En videojuegos existen sistemas equivalentes que además informan si el producto contiene compras integradas o interacción con otros usuarios en línea.

Las clasificaciones y sus criterios se publican en los sitios de cada organismo.