Las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias se crearon para que las internas partidarias se resolvieran con el voto de todos los ciudadanos y no en la mesa chica de cada partido. La idea era ordenar la oferta electoral antes de la elección general.
El problema apareció rápido: buena parte de las fuerzas se presenta con lista única. Cuando eso ocurre, la primaria no dirime nada y funciona en los hechos como una encuesta obligatoria financiada por el Estado.
Los argumentos de cada lado
Quienes defienden el sistema señalan que cumple otra función además de la interna: fija un piso mínimo de votos para acceder a la general, lo que reduce la fragmentación de la oferta. También ordena el calendario y le da a los partidos chicos una instancia de exposición.
Quienes proponen eliminarlas apuntan al costo del operativo y al desgaste de convocar dos veces al electorado en pocos meses, con la participación bajando en la segunda.
Hubo proyectos para suspenderlas, para volverlas voluntarias y para eliminarlas por completo. La discusión reaparece cada vez que se acerca un año electoral.
