La regulación de la inteligencia artificial sigue caminos distintos según la jurisdicción, y esas diferencias van a definir cómo se desarrollan los productos a escala global.
La Unión Europea aprobó un marco integral organizado por niveles de riesgo: prohíbe determinados usos, impone obligaciones estrictas a los sistemas de alto riesgo —empleo, crédito, educación, justicia— y requisitos de transparencia para los sistemas generativos.
Otros enfoques
Estados Unidos avanzó por una vía distinta, combinando decretos del Ejecutivo, regulación sectorial de los organismos existentes y compromisos voluntarios de las empresas, sin una ley federal integral.
Otros países optaron por marcos intermedios o por adaptar su normativa de protección de datos. Para las empresas que operan a escala global, el resultado es un mapa de obligaciones que varía según dónde se ofrece el servicio.
Los textos aprobados y sus cronogramas de aplicación son públicos en cada jurisdicción.
