La caída de la confianza en los medios es un dato consistente en casi todas las mediciones. La respuesta corporativa habitual —apelar a la responsabilidad del oficio, denunciar la desinformación ajena— no parece haber modificado la tendencia en ningún lado.
Quizás porque el problema no se resuelve pidiendo confianza. Se resuelve mostrando cómo se llega a lo que se publica: qué se verificó, con quién se habló, qué no se pudo confirmar y qué se corrigió después.
Mostrar el trabajo
Los medios que aplicaron transparencia metodológica —publicar los documentos, explicar el criterio de selección, marcar las correcciones en lugar de editarlas en silencio— reportan mejores indicadores de confianza que los que apelaron a su prestigio histórico.
Es más trabajo y expone más. También es lo único que distingue al periodismo de cualquier otra cosa que circule por una pantalla, ahora que producir contenido verosímil dejó de ser difícil.
La autoridad ya no viene con el membrete. Hay que ganarla en cada nota.
