Hay una demanda social genuina de explicaciones claras. Es razonable: la gente tiene poco tiempo y demasiados temas sobre los que decidir. El problema aparece cuando la claridad se consigue eliminando la parte difícil.

Casi todos los problemas públicos importantes tienen varias causas que interactúan, evidencia parcialmente contradictoria y soluciones con contraindicaciones. Una explicación que no menciona ninguna de esas tres cosas probablemente no está simplificando: está omitiendo.

El costo de la omisión

El costo se paga después. Una política diseñada sobre un diagnóstico incompleto falla, y esa falla alimenta la desconfianza en que cualquier política pueda funcionar, lo que a su vez favorece la próxima explicación simple.

Nada de esto es un elogio de la ambigüedad ni una excusa para no decidir. Se puede decidir con firmeza reconociendo lo que no se sabe.

Decir "es complicado" no es una respuesta. Fingir que no lo es, tampoco.