El Tratado Antártico establece que el continente se destina exclusivamente a fines pacíficos, prohíbe las actividades militares y las explosiones nucleares, y garantiza la libertad de investigación científica y el intercambio de sus resultados.

Su artículo más particular es el que aborda la soberanía. Los reclamos territoriales existentes no se renuncian ni se reconocen: quedan congelados, y ninguna actividad realizada mientras el tratado esté vigente puede invocarse para respaldar o negar un reclamo.

El protocolo ambiental

Un protocolo posterior designó a la Antártida como reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia, y prohibió las actividades vinculadas a los recursos minerales, con excepción de la investigación científica.

Argentina tiene presencia permanente en el continente desde hace más de un siglo y opera varias bases, algunas de ellas activas todo el año.

Las reuniones consultivas anuales del tratado publican sus decisiones e informes.