El G20 reúne a las principales economías del mundo y a la Unión Europea. No es una organización internacional: no tiene sede permanente, ni tratado constitutivo, ni capacidad de emitir normas obligatorias para sus miembros.
Lo que produce son declaraciones consensuadas y compromisos políticos. Su cumplimiento depende de que cada país los incorpore a su legislación interna, algo que ocurre de manera desigual.
Dónde está su utilidad real
Su valor efectivo suele estar en dos planos. El primero es la coordinación técnica que realizan los grupos de trabajo durante todo el año, en temas como regulación financiera, tributación internacional y deuda.
El segundo es la agenda paralela: las cumbres concentran en pocos días una cantidad de reuniones bilaterales que de otro modo requerirían meses de gestión diplomática.
Las declaraciones finales de cada cumbre son públicas y quedan archivadas por la presidencia de turno.
