Los economistas la llaman costo de transacción y suena a tecnicismo. En la práctica es algo bastante concreto: cuánto trabajo hace falta para cerrar un acuerdo con alguien que no conocés.

En sociedades con alta confianza institucional ese costo es bajo. En sociedades donde nadie confía en que el otro cumpla ni en que un tribunal lo obligue, cada operación requiere garantías, escribanos, adelantos y abogados, y muchas operaciones directamente no se hacen.

Por qué es una forma de capital

Esa diferencia no aparece en ningún indicador macroeconómico y sin embargo condiciona todo lo demás: el crédito, la inversión, la contratación, la formalización.

La confianza no se decreta ni se construye con campañas. Se construye con instituciones que se comportan de manera previsible durante mucho tiempo: contratos que se cumplen, sentencias que llegan, reglas que no cambian en el medio.

Es la infraestructura más barata de mantener y la más cara de reconstruir.