La formación profesional en danza comienza a edades tempranas y requiere una dedicación diaria sostenida durante años, con exigencias físicas comparables a las del deporte de alto rendimiento.

La carrera como intérprete es, por esa misma razón, relativamente corta. La mayoría de los bailarines profesionales enfrenta una transición hacia otra actividad en un momento de la vida en el que otras profesiones recién se consolidan.

Las salidas

La docencia es la continuidad más frecuente, seguida por la coreografía, la dirección, la gestión cultural y la asistencia en producciones. Varias instituciones ofrecen programas de reconversión específicos.

La salud es el otro eje: las lesiones por sobreuso son frecuentes y la disponibilidad de acompañamiento médico y nutricional varía mucho entre compañías estables y proyectos independientes.

Los institutos de formación oficial publican sus planes de estudio y sus requisitos de ingreso.