El circuito de teatro independiente porteño sostiene una cantidad de salas y de producciones que no tiene equivalente en la región. Su economía se apoya en un equilibrio frágil.
El esquema habitual es el bordereaux: la recaudación de cada función se reparte entre la sala y el elenco según un porcentaje acordado, sin sueldos fijos ni garantía de ingreso mínimo para nadie.
Los otros ingresos
A eso se suman los subsidios de los organismos de fomento teatral, nacionales y de la ciudad, que financian producción o funcionamiento de salas, y el alquiler del espacio para ensayos, clases y talleres durante las horas en que no hay función.
Los costos fijos —alquiler, servicios, habilitaciones, seguros— son los que más presionan, y varias salas históricas cerraron por no poder sostenerlos.
Las convocatorias de fomento publican sus bases y sus resultados.
