Argentina todavía es un país relativamente joven comparado con Europa o Japón, pero la tendencia es inequívoca: la natalidad cae, la expectativa de vida sube y la relación entre aportantes y jubilados se deteriora año a año.
El sistema previsional de reparto se financia con los aportes de quienes trabajan hoy. Si esa proporción cambia, la ecuación no cierra, y no cierra independientemente de quién gobierne.
Las opciones y por qué nadie las plantea
Las alternativas son conocidas y todas impopulares: trabajar más años, aportar más, recibir menos, o alguna combinación. Hay una cuarta vía —mejorar la productividad y ampliar el empleo registrado— que suaviza el problema pero no lo elimina.
Ningún gobierno quiere abrir esa discusión porque el costo político es inmediato y el beneficio es de largo plazo. El resultado es que el ajuste ocurre igual, pero de manera desordenada y a través de la licuación de los haberes.
La discusión que no se da a tiempo se da igual, más tarde y en peores condiciones.
