Un número creciente de países enfrenta la misma ecuación: menos nacimientos, mayor esperanza de vida y, en consecuencia, una proporción decreciente de personas en edad de trabajar respecto de las que están en edad de jubilarse.

El efecto sobre los sistemas previsionales de reparto es directo, porque esos sistemas se financian con los aportes de quienes trabajan hoy para pagar a quienes ya se jubilaron. Si la relación se deteriora, la ecuación no cierra.

Las tres salidas posibles

Las alternativas que se discuten son conocidas y todas impopulares: aumentar la edad jubilatoria, aumentar los aportes o reducir los haberes. Una cuarta vía es la inmigración, que rejuvenece la pirámide pero enfrenta resistencias políticas.

La productividad ofrece un margen adicional: si cada trabajador produce más, se puede sostener a más pasivos con la misma cantidad de activos.

Las proyecciones demográficas de largo plazo las publica la división de población de Naciones Unidas.