Las ferias del sector cultural cumplen simultáneamente tres funciones que en el resto del año están separadas.

La primera es la venta directa al público, que para muchos sellos independientes representa una porción significativa de su facturación anual. La segunda es la presentación de novedades y el contacto entre autores y lectores. La tercera, menos visible, es profesional: la negociación de derechos de traducción y de distribución entre editoriales de distintos países.

La jornada profesional

Por eso la mayoría de estas ferias tiene días reservados exclusivamente para el sector, con rondas de negocios y agenda propia, antes de la apertura al público general.

Para editoriales pequeñas, la feria es también una vía de acceso a librerías: los libreros recorren los stands y ese contacto define parte de la distribución del año.

Los programas profesionales y de público se publican antes de cada edición.