La figura del jefe de Gabinete de Ministros se incorporó con la reforma constitucional de 1994. La idea original era atenuar el presidencialismo: un funcionario que coordinara la administración y que pudiera ser removido por el Congreso sin necesidad de un juicio político al Presidente.
La Constitución le asigna funciones concretas: ejercer la administración general del país, recaudar las rentas, ejecutar el presupuesto y concurrir al Congreso al menos una vez por mes para informar sobre la marcha del gobierno.
Entre el diseño y la práctica
Ese informe mensual se cumplió de manera irregular a lo largo de los años y en varios períodos directamente no se realizó. La moción de censura, el otro contrapeso previsto, nunca prosperó.
El resultado es que el peso real del cargo terminó dependiendo menos del diseño constitucional que de la relación personal y política entre quien lo ejerce y el Presidente que lo designa.
Los informes escritos que sí se presentaron están publicados en los sitios de ambas cámaras.
