Para que una sesión de Diputados comience hacen falta 129 legisladores sentados en sus bancas. En el Senado, 37. Ese número, el quórum, es la primera votación de cualquier sesión, aunque no figure como tal en ningún acta.
La lógica es simple: un bloque que sabe que va a perder una votación puede evitarla directamente no bajando al recinto. Si nadie más completa el número, la sesión se cae y el proyecto no se trata. No aparecer es, en los hechos, una forma de votar en contra sin quedar registrado.
Cuando el quórum se negocia
Los bloques medianos y los monobloques suelen ser decisivos. Su presencia se negocia a cambio de la inclusión de temas propios en el temario, de compromisos sobre el orden de tratamiento o de definiciones sobre otros expedientes.
Esa negociación no queda escrita en ningún lado. Se conoce por sus efectos: una sesión que se cae sin explicación pública, o una que arranca con el número justo después de dos horas de demora.
El reglamento de ambas cámaras prevé sanciones por inasistencia reiterada, pero su aplicación es prácticamente nula.
