La ley nacional de salud mental establece un cambio de enfoque: la internación pasa a ser un recurso excepcional, por el menor tiempo posible, y la atención debe organizarse en dispositivos comunitarios y en hospitales generales.

El principio es que una persona con padecimiento mental tiene los mismos derechos que cualquier otra y que el aislamiento prolongado agrava el cuadro en lugar de resolverlo.

La brecha entre el texto y la red

La aplicación requiere una red que en muchas jurisdicciones no terminó de construirse: casas de medio camino, equipos interdisciplinarios de seguimiento, camas de salud mental en hospitales generales y dispositivos de atención en crisis.

Sin esa red, la reducción de camas en instituciones monovalentes no se traduce en mejor atención sino en falta de respuesta, algo que señalan tanto los equipos de salud como las organizaciones de familiares.

La línea nacional de atención en crisis funciona las veinticuatro horas y es gratuita desde todo el país.