Cuando una actividad crece, la forma jurídica deja de ser un trámite y pasa a ser una decisión con consecuencias. Las diferencias principales entre facturar como persona humana y hacerlo a través de una sociedad son tres.
La primera es la responsabilidad. En una sociedad de responsabilidad limitada o anónima, el patrimonio personal de los socios queda en principio separado del de la empresa; facturando como persona humana, no.
Impuestos y administración
La segunda diferencia es impositiva: una sociedad tributa impuesto a las ganancias sobre su resultado y, además, los socios tributan al distribuir dividendos. Un monotributista paga una cuota fija; un responsable inscripto liquida IVA y ganancias por su cuenta.
La tercera es el costo de administración: libros contables, balances, actas y honorarios profesionales, que en una actividad pequeña pueden pesar más que el ahorro impositivo.
La conveniencia depende del nivel de facturación, del tipo de clientes y del riesgo de la actividad. Conviene evaluarlo con un profesional.
