Durante años las plataformas de streaming compitieron por suscriptores con inversiones enormes en contenido original y precios contenidos. Ese modelo, sostenido por financiamiento barato, se agotó cuando las tasas de interés subieron y los inversores empezaron a exigir rentabilidad.

El giro se nota en tres decisiones que se replicaron en casi toda la industria: planes con publicidad más baratos, restricciones al uso compartido de cuentas entre hogares y una revisión del gasto en producción original.

El efecto sobre el catálogo

La consecuencia para el usuario es un catálogo más acotado y más rotativo. Varias plataformas retiraron producciones propias de sus servicios por razones contables, y aumentó la relicencia de contenido a terceros, algo impensado en la etapa anterior.

La fragmentación también empujó el fenómeno inverso al que motivó el streaming: suscribirse a todo cuesta más que la televisión paga que vino a reemplazar.

Los resultados por suscriptor se informan en los balances trimestrales de cada compañía.